martes, julio 11, 2006

Mientras dormís

Mientras yo escribo todas estas cosas, vos dormís seguramente.
Tus días suelen ser muy ajetreados. Vivís envuelto en una vorágine constante de cosas por hacer. Y te encanta vivir así, te fascina el vértigo de estar constantemente ocupado.
Sé tambien que, de vez en cuando, te gusta relajarte un poco, parar un poco y distenderte. Y ahí es cuando aparezco yo, para darte paz. Mi voz te calma, lo sé. Y adoro saberlo.
Amo hablarte y que sientas que nada importa, mas que ese ratito en el que el vértigo para, para dar paso a un instante de tranquilidad. Amo imaginarte con los ojos cerrados, esperando las caricias de mi voz, de la misma forma en que mis manos te acariciaron alguna vez.
Cierro los ojos y ahí estás, radiante y lleno de paz, sonriendo en la oscuridad...
Tus gestos, tantas veces imaginados, se presentan ahora como imágenes reales, como instantáneas de momentos vividos juntos.
Te veo ahí mismo, en tu sillón, mirándome y deseo que el tiempo retroceda, para volver a respirar tu mismo aire, porque pocas veces fui tan feliz como cuando estuvimos juntos...
Escribo esto mientras dormís en una cama que no es la mía, queriendo amanecer otra vez con vos ..
De repente me siento sola, mi cama será demasiado grande esta noche.

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.

(Rostro de vos - Mario Benedetti)